5 consejos para impedir los virus respiratorios en invierno - Todo para el aprendizaje de los bebés

Bebé con ropa de invierno

Con el inicio del invierno, los progenitores comienzan a temblar, no tanto por el frío, sino por el miedo de que nuestros hijos se enfermen. Es muy común acercarse a un conjunto de madres con bebés oa la puerta de una guardería y muy a menudo oír palabras que terminan en “itis”.

Desde octubre hasta aproximadamente marzo, en los centros de salud, la campaña de invierno comienza con patología respiratoria (bronquitis, bronquiolitis, faringitis, gripe, resfriados varios, …).

A menudo, y con bastante desesperación, los progenitores se preguntan qué podemos hacer para evitar que nuestros bebés o bien pequeños pequeños se enfermen. Lo primero que debemos saber es que el resfriado no es responsable de enfermarnos. Esa frase que nos solían repetir nuestras madres cuando éramos pequeños sobre “abrígate, vas a tener neumonía con este resfriado” es un mito. Aunque la verdad es que el resfriado incrementa el compromiso de contagio de virus respiratorios.

¿Y por qué ocurre esto? Bueno, no hay una respuesta única, sino más bien una suma de factores:

  • los cambios repentinos de temperatura sin ajustarnos la ropa es uno de los más importantes problemas. Estamos familiarizados a estar calentitos en casa con la calefacción a unos 23-24 ° C usando algunas capas de ropa y salimos donde la temperatura puede ser hasta 20 ° C más fría solo con un sobretodo y un pañuelo.
  • Además el frío también irrita el revestimiento de la nariz haciéndolo más permeable al paso de microorganismos.
  • Los bebés y los niños inferiores de 7 años son más vulnerables al frío porque tienden a respirar más por la boca o bien abren la boca con frecuencia. Así la barrera protectora natural que es la nariz se pierde -que sirve como estufa para calentar el aire que respiramos- y no llega tan frío a los pulmones.
  • La lluvia posibilita la propagación de virus y además hay virus como la gripe que tienen la capacidad de crear una cubierta protectora contra el frío y continúan propagándose a pesar de las bajas temperaturas.
  • Por último, en las épocas más frías solemos permanecer más tiempo en lugares cerrados (a domicilio, guarderías, centros comerciales, …) y esto facilita el contagio entre personas.

¿Cómo reducir la exposición a virus?

  1. Evite el contacto con personas enfermas.ya sean mayores u otros niños. Además evite comunicar utensilios con otros pequeños (vasos, cubiertos, platos, servilletas, chupetes, juguetes, etc.).
  2. los higiene de manos: Lavarse las manos es el arma más poderosa y eficiente que poseemos para prevenir anomalías de la salud respiratorias, hasta en un 30%. La mayoría de los virus respiratorios se transmiten a través del aire, pero también a través de un sistema que llamamos transmisión por gotitas. Cuando tosimos, estamos hablando o bien estornudamos, producimos microgotas que tienen la posibilidad de contener gérmenes y en lugar de quedar suspendidas en el aire, permanecen en objetos y / o superficies. Cuando entramos en contacto con estas gotas y nos tocamos los ojos, la nariz o la boca, facilitamos la entrada de virus en nuestro cuerpo. Por eso es primordial lavarnos las manos al llegar a casa antes de tocar a nuestro bebé. Como reflexión, piensa por un instante en la cantidad de objetos recurrentes que has tocado desde el instante en que saliste del trabajo (puerta de “oficina”, barandilla de escalera, barra de ómnibus, …). Eso sí, contra más veces al día, nos lavamos las manos con más protección.
  3. Ventile la casa. Muchas veces poseemos miedo de que nuestros pequeños estén en corrientes de aire o en espacios un tanto más frescos de lo frecuente, por lo cual tendemos a no abrir las ventanas tanto como deberían en invierno. Es importante actualizar el aire de la vivienda todos los días. Con abrir las ventanas de cada habitación durante 10 minutos es bastante. Aparte, se aconseja que los entornos en las casas sean templados (no abusar de la calefacción), lo que asiste para bebés y pequeños a usar sus sistemas de control de temperatura. Además evitaremos cambios bruscos de temperatura al irse de casa.
  4. Mantén una aceptable dieta. Como hablamos antes de tener un bebé redondo No es sinónimo de un bebé sano o, al contrario, de un bebé flaco. Lo sustancial es que los bebés y los niños mantengan una dieta balanceada que les dé todos y cada uno de los nutrientes que requieren para elaborar su organismo para batallar las enfermedades, en un caso así respiratorias, cuando llegue el instante.
  5. Higiene y precaución períodico de la piel. La piel es el órgano más grande del cuerpo. Sirve como barrera de entrada para todos y cada uno de los agentes externos. Los cambios bruscos de temperatura deshidratan la piel y la hacen considerablemente más frágil y sensible. El frío, el viento y el sol tienen la posibilidad de dañar la piel de los pequeños, especialmente los bebés. La sequedad del ambiente puede provocar irritación y agrietamiento de la piel, por lo cual es fundamental mantenerla bien hidratada con cremas, fundamentalmente en el momento en que la piel está muy seca o bien atópica. En el momento en que son muy pequeños y van a la guardería, los bebés suelen comunicar “todo” (incluidos líquidos como mocos o bien babas), por lo cual se aconseja tomar una ducha o un baño rápido todos y cada uno de los días, sin Abuso de los jabones que además pueden irritar la piel.

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