El niño de 1 año - Todo para el aprendizaje de los bebés

Ahora no es el bebé que se quedaba quietito allí donde lo dejábamos. Tras el primer cumpleaños viene su independencia y, con , la etapa más bien difícil para todos y cada uno de los progenitores.

Son las 8:30 de la mañana. Como Nicolás, de 18 meses, duerme plácidamente, su madre se dispone a ingresar en la ducha. De repente, se escucha una vocecita mandona: “¡Mamá, agua!”. Con la mamadera en la mano, se marcha al living, prende la tele y tras tocar todos y cada uno de los botones logra poner los dibujos animados. Se sienta a desayunar su biberón de jugo, instante que explota mamá para regresar a intentar ducharse. Nicolás, que es como un rayo, acaba la mamadera, la deja caer en la alfombra y considera que ahora es hora de vestirse. Regresa a su cuarto y vacía numerosos cajones. Después procura agarrar un pañal. Halla, de paso, la caja de las toallitas de papel, tira y comienza a sacar y a sacar… Encuentra la pomada y escoge ponerse hermoso. No le agrada por lo que se pega que es y se limpia con el acolchado. Revela un rotulador… Son las 8,45 horas y una día “habitual” termina de iniciar.

Estos, que semejan reales “catastrofes”, no son más que vivencias vitales que los asisten a comprender el planeta que los circunda. Eso dicen los profesionales. Dicen además que este conocimiento solo se consigue desenrollando y paseando el papel del váter por toda la vivienda, observando la proporción de pasta dentífrica que sale de un tubo tan pequeño o bien lanzando el biberón sobre la alfombra.

Es lógico que sea de esta forma, dicen los pedagogos, es una época que comienza ahora en el gateo y que para es excepcional. Al fin van a hallar tener a su altura y al alcance de su mano todo cuanto visualmente han examinado desde el suelo, la silla o bien la cuna; van a poder lograr aquellas cosas que ansiaron.

Es duro, mas no existe nada que llevar a cabo. A partir del año y de sus primeros pasos independientes, aquel rollizo bebé comienza a parar de ser tan manipulable y a probarnos su afán de independencia. Desea tocarlo todo, estudiar, ver, contribuir a mamá y papá, imitar sus movimientos. Lo peor es que carece del sentido del riesgo, no le tiene temor a nada y encima es atrevidísimo. Tan rápido puede asomarse a una ventana abierta, como subirse a una mesa o bien atravesar una calle.

| 30 de agosto de con0 comentarios.

Etiquetas: niño 1 año, niño pequeño, pequeños un año, Primeros años

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